Su centro histórico fue declarado Patrimonio de la Humanidad
Históricamente, los canales han sido parte
fundamental de la economía y el urbanismo de Brujas, en Bélgica.
Un viaje al
pasado. Eso es Brujas. Un paseo en barca por sus numerosos canales es el punto
de partida para explorar una de las ciudades mejor conservadas de Europa y uno
de los tesoros de Bélgica.
La mayor parte
de su trazado es del siglo XIII y hasta el día de hoy permanece casi intacta, a
pesar de haber sufrido los estragos de las dos guerras mundiales.
Los canales que
la atraviesan tienen una particular importancia desde la antigüedad. En la Edad
Media tuvieron que ser adaptados y ampliados para permitir que grandes buques
comerciales llegarán y abastecieran la ciudad.
Hoy en día son
utilizados por pequeñas embarcaciones turísticas desde donde se observa uno de
los rincones más bellos de la ciudad: el Groenerei, o la Orilla Verde, lugar de
inspiración de muchos artistas flamencos al momento de pintar sus obras.
La peculiar
zona se encuentra junto al Palacio del Franc, donde cruzan los puentes Johanele
y del Caballo. Su encanto se debe a que es uno de los rincones más tranquilos y
apacibles de la ciudad y allí se puede apreciar la Casa del Pelícano y la
pequeña Plaza de los Curtidores.
Además de los
canales, Brujas creció alrededor de sus plazas. En el centro histórico se
encuentran dos de las más importantes: la Burg y la Markt. La primera se
destaca por las típicas casas con tejado piramidal, las fachadas coloridas en
tonos rojos que contrastan con los edificios (muchos de ellos en tonos
grisáceos) y el tono dorado de sus ornamentos e imponentes esculturas.
La segunda es
la plaza principal y el corazón de la ciudad por ser el sitio de mercado desde
el siglo X. La circundan edificios con gran valor arquitectónico, como el
Palacio de la Provincia, una obra de estilo neogótico construida entre 1887 y
1921, donde anteriormente se comercializaban paños.
Ubicada en la
parte sur de la plaza está la torre del Campanario Belfort, símbolo de la
autonomía de Brujas. Se trata de una estructura con 84 metros de altura, 366
escalones y 47 campanas, lo que la hace visible desde cualquier punto de la
ciudad.
Después de
recorrer el centro histórico de la ciudad y comprar alguna artesanía en una de
las plazas principales, conviene alejarse un poco del bullicio y adentrase en
una de las zonas más tranquilas de la ciudad.
El parque
Minnewater es un bello lugar lleno de paz, con un romántico lago poblado por
patos y cisnes, apodado el “Lago del Amor”. En el pasado fue un animado puerto
comercial que comunicaba la red de canales con el mar y ahora es uno de los
sitios preferidos por los turistas que desean navegar o visitar la torre
Polvorín que se encuentra a orillas del agua.
A la hora de
cenar, los restaurantes en Brujas tienen fama por ofrecer comida flamenca y
francesa de la mejor calidad. Los mariscos son muy buenos, ya que la costa está
cerca, mientras que los platos preparados a base de cerveza belga tienen mucha
acogida.
Las compras
también son un plan imperdible, sobre todo si decide dar un paseo por el centro
y recorrer los cientos de almacenes que ofrecen cerveza, chocolates y encajes.
Estos últimos ostentan una fama mundial desde la época medieval, cuando las
monjas en los conventos los trabajaban a una sola aguja.
Recorrer la
ciudad de Brujas a través de sus canales o dar un romántico paseo en bicicleta
por sus calles medievales es una experiencia inolvidable que hace pensar en
regresar a este pequeño paraíso.

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