Después de buscar su
protección durante tres años, este viernes, el Gobierno declaró el Parque
Nacional Natural Corales de Profundidad en mar Caribe. Con esta, ya son 57 las
áreas protegidas en el país.
Por: Viviana Londoño Calle
Aunque desde la superficie sea
imposible entender su importancia, a 120 metros bajo el agua, las razones que
llevaron este viernes al Ministerio de Ambiente y a Parques Nacionales a
declarar el Parque Nacional Corales de Profundidad, son evidentes: ente al
golfo de Morrosquillo y el archipiélago de San Bernardo, en jurisdicción de la
zona costera de los departamentos de Sucre, Córdoba y Bolívar, está el banco de
corales de profundidad más grande del Caribe.
Hace menos de 10 años que el
Instituto de Investigaciones Costeras (INVEMAR) descubrió este emporio de
biodiversidad, por eso Parques Nacionales empezó a buscar su protección hace
tres años, como lo había publicado El Espectador. ¿Qué hace especial a esta
zona? Los corales de profundidad son ecosistemas estratégicos y escasos en el
mundo, oasis propicios para la diversidad biológica, que atraen a crustáceos,
moluscos y muchas otras especies.
Aunque hay otros parques -como el
Tayrona- con corales superficiales, este es el único con corales profundos.
Desde Cartagena, ciudad donde se realizó la declaratoria, Julia Miranda,
directora de Parques Nacionales explicó la relevancia de esta decisión: “es un
parque muy importante porque se está protegiendo un ecosistema que no tenía
representatividad en el sistema de áreas protegidas, es el primero
exclusivamente marino”.
A partir de este momento no se
podrán hacer allí actividades como la pesca o la exploración de hidrocarburos.
Precisamente en septiembre de 2012, el proyecto estuvo a punto de irse a pique
debido a que la zona coincidía con un bloque petrolero. Sin embargo, las
142.192 hectáreas que se plantearon inicialmente quedaron intactas y hoy
conformar el primer parque submarino de Colombia.
“Para los ambientalistas el
reconocimiento de este parque un hito. Para muchos, los temas marinos son
ajenos, la gente ve la superficie y no recuerda que abajo hay montañas, valles,
corrientes y rasgos geomorfológicos tan complejos como los que vemos en tierra.
Estos arrecifes son muy importantes porque generan nuevas formas de vida y no
están aislados”, dice sin parar de sonreír el capitán del Invemar, Francisco
Arias. “Hemos encontrado, por ejemplo que los pargos tienen ciclos de vida que
pasan por estos sistemas de arrecifes de arrecifes. Protegerlos es muy
importante”, agrega.
Este es el primer parque al que le
apuesta el presidente Juan Manuel Santos durante su gobierno y que completa una
lista de 57 zonas protegidas en todo el país. De acuerdo con la viceministra de
Ambiente, Adriana Soto Carreño “Es el único en el país con estas
características y uno de los pocos que hay en el mundo”.
Sin embargo, todos coinciden en
que la protección de este importante ecosistema no termina con la firma que
hace oficial su declaración. Al estar ubicado a 32 km de las costas de Bolívar,
Sucre y Córdoba, el control y vigilancia del parque es aún más complicado. “Hay
que seguir con la investigación, tener sistemas de vigilancia, barcos,
profesionales y sobretodo, conciencia: hay que mostrarle al país la riqueza que
tenemos bajo el agua. Si todos lo supiéramos no habría pasado lo que pasó con
San Andrés”, insiste Arias. Por ahora, Parques Nacionales cuenta con el apoyo
de la Armada Nacional para la vigilancia de la zona.
Otro reto no menos importante es
el presupuesto. No es secreto que el mayor obstáculo de Parques Nacionales para
mantener el Sistema de Áreas Protegidas es el déficit de recursos, que este año
asciende a $151.000 millones. Según Soto Carreño, es uno de los desafíos más
importantes: “Es muy importante hacer un plan de manejo y que esté
adecuadamente financiado para que se cumplan todos los procesos”.
Después de haber logrado la
protección de este ecosistema, Parques Nacionales se prepara para emprender una
nueva odisea: lograr que suceda lo mismo con Playona en Acandí (Chocó) y con
Bahía Portete en la Guajira.
Por: Viviana Londoño Calle

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